Opinión

Adiós a los dinosaurios

Artículo de opinión de la directora de Enfermería en Desarrollo, Yolanda Núñez

17 febrero 2022 / Número 29 3 minutos de lectura

Hace tiempo que las enfermeras entendimos la necesidad de llevar a cabo un profundo proceso de cambio en la gestión y dirección de los equipos. ¿Qué está cambiando en las organizaciones?  Y sobre todo ¿Qué tiene que cambiar?

Durante muchos años hemos vivido, y seguimos viviendo en muchos casos, siguiendo un patrón de obediencia debida hacia un jefe o jefa al que yo llamo “el jefe superestrella”.

Este jefe se supone que es y así se representa, como el  protagonista, el que más sabe, el más competente y, por supuesto, la única cara visible del grupo de trabajo. Y digo grupo con plena intención, porque los equipos no interesan en organizaciones que perpetúan el modelo de jefe superestrella.

Representa esa persona, permanentemente ocupada y siempre reunida, que en ocasiones adopta a conveniencia el rol de mera cadena de transmisión de una voluntad superior, y que está preparada sobre todo para ser obedecida. El grupo de trabajo, el equipo, permanece siempre en el anonimato. Ni se le ve, ni se le escucha.
Seguro que muchos hemos tenido jefes que nos decían exactamente lo que teníamos que hacer, cuándo y cómo lo teníamos que hacer. El “para qué” no importa. Eso basta con que lo sepan los de la cúpula de la pirámide. Este tipo de jefes no escucha, no entiende, no está con nosotros. Sus miedos, sus ganas de brillar, son, en parte, la consecuencia de sus propios jefes.

Y así no hay lugar para el crecimiento. Todo está encorsetado, todo medido. No se nos permite imaginar cosas nuevas, soñar nuevos retos. Son jefes que nunca preguntan, y cuando lo hacen, puede ocurrir que no escuchen de verdad, o que se conviertan en secuestradores de las propuestas de otros, y pasen a hacerlas suyas, incrementando, por supuesto, su estatus de superestrella.

No me interesan las superestrellas. Me interesa lo que me pasa a mí, o a ti, cuando vamos acumulando pequeñas o grandes frustraciones cada día. Porque la consecuencia de trabajar con superestrellas, es la asfixia profesional: estoy aquí, hago mi trabajo, y por supuesto lo sigo haciendo bien porque soy buena en mi profesión, pero todo mi capital intelectual y emocional me lo guardo para mí. No encuentro la forma de poder compartirlo. No tengo motivación, la he perdido.

Cuando no hay lugar para la creatividad, para la imaginación, no se inician nuevos caminos ni se alcanzan  nuevos retos… y como consecuencia no hay crecimiento personal ni profesional, disminuye el disfrute por lo que hacemos y, poco a poco vas perdiendo el orgullo de pertenencia a ese equipo, a esa organización, que es en mi opinión uno de los mayores motivadores para el avance y la felicidad laboral: “estoy orgullosa de pertenecer a este equipo, me siento reconocida y libre de opinar y compartir”.

En las anteriores condiciones, no puede haber equipo, y mucho menos uno que alcance la excelencia. Se podrán obtener buenos resultados, pero el capital intelectual y emocional, que es lo que lleva a obtener resultados superiores, se pierde, se desperdicia. ¿Qué talento es el más importante para una organización, el individual o el del equipo? Para mí no hay dudas: el del equipo es el que alcanza metas más altas.

La buena noticia es que cuando somos capaces de reconocer lo que nos está pasando, es el primer paso para cambiarlo. Y en mi opinión, eso es exactamente lo que está comenzando a pasar, que en los equipos de trabajo ha comenzado la extinción de los dinosaurios, las superestrellas van desapareciendo y están siendo sustituidas por personas con una alta cualificación teórica y sobre todo, y hasta diría que más importante, por una alta competencia emocional.

Porque necesitamos que todo el mundo dé lo mejor de sí mismo, y eso es exactamente lo que sucede cuando trabajamos dentro de equipos saludables liderados por personas con capacidad de soñar y que generen ilusión y entusiasmo en todos sus colaboradores. Esa es la nueva generación de líderes cada vez más numerosos en nuestras organizaciones. Sean bienvenidos.

 

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