La transición desde la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) a la planta de hospitalización es un momento crítico que genera ansiedad, inseguridad y cambios en la percepción de la calidad asistencial. La evidencia existente se centra en UCIs mixtas y rara vez incorpora simultáneamente las perspectivas de pacientes y acompañantes en contextos postquirúrgicos.
Este estudio cualitativo longitudinal exploró las experiencias de ambos actores antes y después del traslado UCI–planta, identificando factores que facilitan o dificultan una transición segura y humanizada. Los hallazgos muestran que la transición se vive como un hito simbólico marcado por vulnerabilidad, exposición corporal, cambios en la percepción de seguridad y una fuerte dependencia de la información recibida. Los pacientes avanzan desde la pasividad hacia una autonomía progresiva, mientras que los acompañantes pasan de una vigilancia limitada en UCI a un rol ampliado en planta, con necesidades informativas y emocionales diferenciadas.
La experiencia está modulada por el entorno sensorial, la coherencia informativa y la accesibilidad del personal. La transición UCI–planta requiere intervenciones específicas para cada actor, centradas en la comunicación clara, la protección de la intimidad y la inclusión estructurada de la familia como co‑agente del cuidado.