¿Qué hace falta para que un alumno con grandes necesidades asistenciales pueda estar en clase como cualquier otro? Cuando no convivimos con ese interrogante, rara vez caemos en ello. En cambio, para algunas personas, la diferencia entre poder ir a clase, o no, sí depende de algo muy concreto: la presencia constante de una enfermera. Podríamos decir que hay colegios donde la enfermería no es un servicio, sino una condición de posibilidad.
Ese es el caso del Centro de Educación Especial Comarcal Raquel Payà, en Dénia (Alicante), donde, al frente de ese trabajo, se encuentra Natalia García González, enfermera escolar desde hace 16 años. Tras estudiar Enfermería, completó su formación cursando Magisterio en Educación Especial. Durante años, trabajó en Atención Primaria, hasta que la escolarización de un niño con atrofia muscular espinal y una gran dependencia sanitaria puso sobre la mesa la necesidad de incorporar una enfermera al colegio. “Son mis dos pasiones. Es la simbiosis perfecta para mí”, asegura.

El Raquel Payá atiende a 86 alumnos de entre 3 y 24 años procedentes de distintos municipios de la comarca. Muchos de ellos presentan necesidades asistenciales complejas que requieren atención continuada durante toda la jornada escolar. “Tenemos niños muy dependientes, con respiradores; tenemos algunos en fase final de vida; tenemos síndromes súper raros y mucha pluripatología”, relata Natalia. A ello, se suman alumnos con trastornos de salud mental y alumnos con trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista”.
Tenemos niños muy dependientes, con respiradores; tenemos algunos en fase final de vida; tenemos síndromes súper raros y mucha pluripatología
La mejora de los tratamientos y el aumento de la esperanza de vida han permitido que muchos niños con enfermedades graves puedan acudir al colegio y participar en la vida escolar. Sin embargo, también han incrementado las necesidades de apoyo sanitario dentro del centro. “Los niños viven más, en condiciones dignas y bien. Con lo cual, tenemos muchísimos muy dependientes con mucha necesidad de apoyo”, señala.
Gran responsabilidad
Aunque cuenta con una compañera durante las horas centrales del día, Natalia reconoce que gran parte de su trabajo transcurre en solitario. La segunda enfermera se incorpora precisamente cuando coinciden las alimentaciones por gastrostomía, la administración de medicación y otros cuidados complejos. La situación obliga a estar preparada para responder a cualquier emergencia. “Estás fuera del entorno sanitario y estás sola”, resume. Una realidad que adquiere especial importancia cuando surge una reacción alérgica grave, una crisis respiratoria o cualquier otra situación urgente. “Tienes que tomar decisiones: le pongo la adrenalina, le pongo la vía, le pongo el oxígeno, llamo a la ambulancia…”. Para afrontar esa responsabilidad, la formación del profesorado también es un pilar fundamental. Por ello, cada curso, organiza sesiones específicas para que los docentes sepan actuar ante distintas situaciones relacionadas con la salud de los alumnos. Y la predisposición, parece, es de diez, porque asegura que “los profes son la caña”.
Acompañar durante el camino
Más allá de la atención sanitaria, la enfermería escolar implica construir una relación estrecha con las familias. “Aquí sí que acompañas a las familias en todo el proceso”, explica Natalia. Una cercanía que se hace especialmente evidente cuando los alumnos atraviesan situaciones muy delicadas o padecen enfermedades degenerativas. Durante estos años, Natalia ha vivido experiencias que la han marcado profundamente. Entre ellas, la del niño cuya llegada motivó la creación de la plaza de enfermería escolar. “Es un niño que puede ir al colegio solo porque tú estás ahí”.

Pero la labor asistencial no se limita al interior del centro. Gracias a la coordinación con Atención Primaria y el hospital, la enfermería escolar del Raquel Payà participa en el seguimiento de muchos alumnos y mantiene una comunicación constante con otros profesionales sanitarios.
Aquí, la palabra ‘problema’ no existe. La cambiamos por ‘desafío’
Además, la presencia de enfermería también permite que los alumnos participen en actividades que de otro modo resultarían inviables. El centro desarrolla proyectos europeos, como el Erasmus AMA (All Means All), y numerosas salidas educativas en las que la asistencia sanitaria es imprescindible. “Son alumnos que jamás podrían viajar si no viaja una enfermera con ellos”. Viajes de fin de curso, excursiones, actividades deportivas o visitas culturales también forman parte de la rutina de estos estudiantes. El objetivo es que puedan disfrutar de las mismas oportunidades que cualquier otro niño o joven. (Cabe mencionar que, en las últimas semanas, ha surgido cierta controversia a raíz de unas Instrucciones de la Dirección General de Centros Docentes, que no definen con claridad la participación de la enfermera escolar en las actividades extraescolares de los centros de educación especial. La profesión se encuentra en una situación de espera de una aclaración que garantice el derecho de todo el alumnado a participar en estas actividades en igualdad de condiciones, contando, cuando sea necesario, con el apoyo sanitario de una enfermera escolar).
Después de más de una década en el centro, Natalia sigue convencida de que “es un trabajo que te gusta o no te gusta. No hay término medio. A mí, particularmente, me chifla”. Y resume la filosofía que guía al equipo con una frase que se ha convertido casi en un lema dentro del colegio: “aquí, la palabra ‘problema’ no existe. La cambiamos por ‘desafío’”.