Terminó Enfermería en 2001 y, como muchos recién titulados, inició su trayectoria profesional sin un rumbo demasiado claro. “Empecé dando tumbos, haciendo urgencias, centros de salud y contratos cortos”, recuerda. Aquella etapa le permitió a Rebeca Raboso Merino conocer diferentes ámbitos de la sanidad hasta que, en 2004, decidió orientar su carrera hacia la prevención de riesgos laborales incorporándose a la Mutua Asepeyo, donde hoy en día continúa trabajando.
En aquel momento, reconoce, “desconocía por completo el funcionamiento de este tipo de entidades”. Su labor inicial se centró en la atención de accidentes laborales y la gestión de bajas por contingencias comunes, es decir, procesos de enfermedad no derivados del trabajo.
El punto de inflexión en su carrera llegó en 2012, cuando Asepeyo puso en marcha el Programa de Cuidados al Paciente con Gran Dependencia, dirigido a personas que, tras un accidente laboral grave, no llegan a recuperarse completamente y quedan con secuelas permanentes. “Son pacientes con una resolución de gran invalidez y un alto grado de dependencia”, explica.

Entre los diagnósticos más frecuentes, se encuentran “las lesiones medulares, el daño cerebral adquirido, las amputaciones, los politraumatismos o la ceguera”. En total, la mutua atiende a unos 586 pacientes con esta situación en todo el país, de los cuales 42 están bajo su seguimiento directo. Una cifra superior a la habitual en este tipo de perfiles profesionales.
Más allá de la asistencia
Rebeca forma parte de un equipo multidisciplinar en el que intervienen médicos rehabilitadores, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y personal administrativo. El objetivo común es “mejorar la autonomía del paciente, prevenir complicaciones, potenciar el autocuidado y dar mucho apoyo al cuidador, que es fundamental”, explica.
El seguimiento de estos pacientes es constante. Rebeca realiza contactos telefónicos periódicos, coordina revisiones hospitalarias, gestiona traslados y supervisa posibles complicaciones. Además, los pacientes son revisados al menos una vez al año en los hospitales propios de la mutua en Coslada (Madrid) y Sant Cugat (Barcelona).
Llegas a adquirir un vínculo muy grande con ellos (…), te llaman para contarte sus problemas, sus alegrías… llegas a ser casi de la familia
Pero, más allá de la organización clínica, lo que define su trabajo es la relación que se crea con las personas a lo largo del tiempo. “Llegas a adquirir un vínculo muy grande con ellos”, reconoce. Con los años, ese vínculo se extiende a lo personal: “te llaman para contarte sus problemas, sus alegrías… llegas a ser casi de la familia”. Recuerda especialmente el caso de un paciente con el que mantuvo una relación muy estrecha durante años y que falleció recientemente. “Lo pasé muy mal. Fui a su entierro porque sentí que tenía que estar allí”, relata, siendo consciente de hasta qué punto el vínculo puede trascender el plano profesional.
Rebeca menciona que la mutua, además, gestiona ayudas técnicas que van desde sillas de ruedas o camas articuladas hasta la adaptación de viviendas o vehículos, siempre sin coste para el paciente. “Lo pierden todo tras el accidente, pero, con apoyo, pueden recuperar mucho de su vida”, afirma.
Tiene muy claro que su futuro laboral será ahí, mientras pueda y todo vaya bien. Y asegura, especialmente a quienes están empezando en la enfermería, que “es un trabajo que te enriquece muchísimo, tanto a nivel profesional como personal”.