El sueño infantil -o, más bien, su calidad- es fundamental para el desarrollo del niño y para su futura relación con el descanso. Es por eso que, en la unidad de Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, este asunto ha dejado de limitarse a un motivo más de consulta para convertirse en un proyecto de educación para la salud, y liderado, además, por enfermeras: una Escuela de Sueño Infantil.
Al frente de esta iniciativa están Shaily Yael Bedoya Arias y Noemí Castillo Tebar, especialistas en enfermería Familiar y Comunitaria, que desde 2023 forman parte de la unidad multidisciplinar de Sueño y Epilepsia del hospital, junto a profesionales de Neurología y Neumología.

La estructura
La materialización de la idea nace, como en la mayoría de las ocasiones, de la observación en la práctica clínica diaria. «En las llamadas previas a los electroencefalogramas privados de sueño, empezamos a darnos cuenta de que muchos niños dormían muy poco y que eso estaba completamente normalizado en las familias», explica Noemí. Horarios tardíos y rutinas poco instauradas fueron algunas de las señales de alerta que empujaron al equipo a investigar más allá.
Ese análisis coincidió con la proliferación de la figura de la asesora de sueño infantil, una profesión sin regulación específica en España. «Nos parecía que, desde la sanidad pública, y concretamente desde enfermería, podíamos ofrecer una formación rigurosa y accesible a las familias», señala. Así empezó a tomar forma un proyecto que hoy es ya una realidad.
La Escuela de Sueño Infantil se ha diseñado como un programa estructurado de educación para la salud, compuesto por cinco sesiones grupales de 90 minutos, separadas entre sí por tres semanas. El objetivo no es imponer cambios bruscos, sino acompañar a las familias en un proceso progresivo. «Queremos que los hábitos se modifiquen poco a poco, porque si intentas cambiarlo todo de golpe, lo más probable es que no funcione», presupone Noemí.

Actualmente, el proyecto se desarrolla de forma paralela a un ensayo clínico aleatorizado, apoyado por la Dirección de Enfermería y el departamento de Investigación. Las familias participantes son asignadas de forma aleatoria a dos grupos: uno que recibe la intervención completa de la escuela y otro que sigue el modelo habitual de consejo breve en consulta. «La idea es demostrar que el seguimiento enfermero y la educación estructurada pueden tener mejores resultados», añade.
Edades clave
El programa está dirigido, por ahora, a familias con niños de entre 5 y 9 años, una franja de edad en la que los problemas de higiene del sueño ya están muy instaurados. «Los malos hábitos empiezan mucho antes, pero a estas edades las consecuencias ya son evidentes», advierte. De hecho, en las consultas de sueño en adultos jóvenes se detectan con frecuencia problemas que se arrastran desde la infancia.
El sueño es un mundo fascinante; cuanto más aprendes, más preguntas te surgen
Las sesiones abordan desde las funciones del sueño y su evolución madurativa hasta el impacto de la alimentación, la actividad física y el uso de pantallas. Cada encuentro comienza revisando cómo han ido las semanas anteriores, qué dificultades han surgido y cómo adaptarse a la realidad concreta de cada familia. «No todas tienen los mismos horarios ni las mismas posibilidades, y eso hay que tenerlo en cuenta», subraya.
Detrás del proyecto hay un equipo de ocho enfermeras de Neurofisiología, que llevan años trabajando en su diseño. «Que esto haya salido adelante nos produce muchísima satisfacción», reconoce Noemí. «Enfermería investiga menos de lo que debería, muchas veces por falta de tiempo, y poder llevar a cabo un ensayo clínico es una oportunidad enorme».
La mirada futura es que la Escuela de Sueño Infantil pase por consolidarse como parte de la cartera de servicios del hospital y conlleve a ampliarse a otros grupos de edad y patologías. «El sueño es un mundo fascinante; cuanto más aprendes, más preguntas te surgen».