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Las ‘bambalinas’ del cuidado

Inmaculada Amador Saelices es una de las enfermeras que vela por la seguridad del público en el Teatro Real de Madrid. Nos cuenta su trabajo y en qué consiste su discreta, pero indispensable presencia

13 marzo 2026 / Número 39 3 minutos de lectura

Cuando Inmaculada Amador Saelices terminó el Grado de Enfermería en Sevilla y se trasladó a Madrid, no podía ni imaginar que su trayectoria profesional la llevaría (gracias a su compañera Paloma G.M.) a uno de los espacios culturales más emblemáticos del país. Pero esperad porque, antes de contaros cuál, su historia se remonta un poco más atrás.

Su promoción, la de 2019, se estrenó en el mundo laboral en plena pandemia, una experiencia que, según reconoce, marcó a toda una generación de profesionales: “empezamos por todo lo alto. Ahora somos todoterreno”. Tras trabajar en el Hospital San Francisco de Asís durante los meses más duros de la crisis sanitaria, Inmaculada se incorporó al Hospital Gregorio Marañón, donde ha pasado por diferentes servicios: pediatría, urgencias pediátricas, lactantes, infecciosos, traumatología y, en los últimos tres años, hospital de día de oncohematología.

Giro inesperado

Paralelamente, una oportunidad inesperada abrió una puerta muy distinta: la del Teatro Real de Madrid. “Llegué allí gracias a una compañera. Me contó en qué consistía y me llamó muchísimo la atención”, recuerda. Una forma distinta -y poco visible- de ejercer la enfermería, pero motivada, como siempre, por la ilusión. “Siempre he sentido esa profesión como muy vocacional. Sin vocación, enfermería es insostenible”, afirma.

Para Inmaculada, ese descubrimiento supuso romper con una idea muy extendida. “La mayoría de la gente piensa que la enfermería solo está en hospitales, clínicas o el 112, pero somos necesarias en muchísimos más sitios: teatros, ministerios y organismos públicos”. Además, confiesa que su afinidad por la música hizo el resto. “Trabajar en un sitio así no tiene nada que ver con el hospital”.

Su labor en el Teatro Real consiste en prestar atención sanitaria inmediata tanto al público como al personal durante los eventos. La presencia de una enfermera es obligatoria por ley cuando se supera un determinado aforo, y su papel va mucho más allá de lo que el espectador imagina. “Atendemos síncopes, caídas por las escaleras, indigestiones, ataques de ansiedad… Incluso puede darse una parada o un código ictus”, explica. “Es una tranquilidad enorme que un espacio así cuente con una enfermera”.

Atendemos síncopes, caídas por las escaleras, indigestiones, ataques de ansiedad… Incluso puede darse una parada o un código ictus. Es una tranquilidad enorme que un espacio así cuente con una enfermera

Inmaculada suele trabajar sola en cada evento, aunque el equipo está formado por unas cuatro profesionales que se turnan según disponibilidad. “Estamos contratadas por una empresa externa y nos coordinamos para cubrir las funciones. Siempre hay una sola enfermera por evento”, aclara. Esa autonomía es, precisamente, una de las cosas que más valora. “Las enfermeras somos muy independientes. Tenemos capacidad de resolver situaciones con pocos recursos”.

El Real cuenta con una sala equipada para primeros auxilios: material de curas, medicación básica no sujeta a prescripción médica, tensiómetro, pulsioxímetro, glucómetro, fonendoscopio y un desfibrilador. “No necesitamos mucho más. Somos capaces de solventar casi cualquier situación y, cuando hace falta, activar códigos”, señala.

Diagnóstico enfermero

De hecho, entre los momentos más complejos que ha vivido, recuerda especialmente la activación de un código ictus y una hipoglucemia en una joven que acudía sola al teatro y no hablaba español. “En un primer momento parecía un ataque de ansiedad, pero el diagnóstico enfermero fue clave. Identificamos la hipoglucemia, actuamos y evitamos que la situación fuera a más”. Para ella, ese tipo de situaciones evidencian la importancia de contar con personal sanitario. “Si no hubiera habido una enfermera, quizá se habría interpretado de otra manera y el desenlace podría haber sido muy distinto”.

Más allá de la técnica, Inmaculada destaca el componente humano de su trabajo. “Enfermería va mucho más allá de pinchar o curar. Es tranquilizar, coger una mano, quitar hierro al asunto…”. En un entorno tan solemne como un patio de butacas, un mareo o un desmayo pueden generar mucha ansiedad. “La persona se siente expuesta, nerviosa. Ahí también estamos para acompañar y calmar”.

En un entorno tan solemne como un patio de butacas, un mareo o un desmayo pueden generar mucha ansiedad. La persona se siente expuesta, nerviosa. Ahí también estamos para acompañar y calmar

Esa capacidad de transmitir seguridad es, para ella, una de las mayores fortalezas de la profesión. “Solo con estar presentes, ya damos tranquilidad al público y al personal. Y cuando alguien se recupera y te da las gracias es muy gratificante”.

Aprovecha nuestra charla para reivindicar estos otros ámbitos de la enfermería, todavía poco conocidos. “Me gustaría animar a las compañeras a que se informen, descubran y sepan que no todo es hospital o clínica. Hay otros campos muy bonitos donde también se ejerce nuestra profesión”.

Y así, una vez más, la función continúa, la música llena la sala y el público llega al final del espectáculo sin percatarse de que alguien, en silencio, ha velado por su seguridad durante toda la noche. Porque el cuidado más cauto es, a veces, el más indispensable.

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