Calidad percibida

Hospital de la VOT: tres siglos de historia y cuidado

Nos acercamos a la enfermería que mantiene vivo el legado asistencial del hospital en activo más antiguo de Madrid, fundado en 1697

28 julio 2026 / Número 40 5 minutos de lectura

No son los más de 300 años de historia -aunque también, claro- lo que hace singular al Hospital de la Venerable Orden Tercera (VOT) de Madrid. Lo excepcional es que, después de todo ese tiempo, siga reconociéndose en la misma vocación con la que nació. Una forma de entender lo asistencial que hoy encuentra en la enfermería a su mejor heredera. Tal y como resume José Eduardo Romero Reyes, Supervisor de Enfermería de Hospitalización, “aquí lo que se puede hacer es cuidar”. Porque la misma vocación que impulsó a la Orden Franciscana Seglar a levantar un hospital para atender a los más vulnerables continúa hoy reflejándose en el trabajo diario de los profesionales de enfermería, convertidos en los guardianes custodios de una forma de entender los cuidados que ha sobrevivido firme al inexorable paso del tiempo.

La historia del hospital se remonta a finales del siglo XVII. La Venerable Orden Tercera, que en Madrid llegó a reunir a más de 25.000 hermanos pertenecientes a todas las clases sociales, decidió construir un hospital para atender a quienes enfermaban y carecían de recursos en una época en la que la asistencia sanitaria estaba al alcance de muy pocos. Las obras comenzaron en 1679 y culminaron en 1697, gracias, entre otros apoyos, a la decisiva aportación económica de Doña Lorenza de Cárdenas y Manrique de Lara.

Más de trescientos años después, aquella razón de ser continúa marcando el rumbo de la institución. “Para nosotros, hay que tomarlo como un mandato de los que fueron nuestros mayores”, afirma Antonio Pérez Aranda, Vocal del Consejo de la Orden Franciscana Seglar de San Francisco el Grande. Mantener un hospital histórico exige hoy afrontar importantes retos económicos, administrativos y asistenciales, además de conservar un edificio protegido que está declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1995. Sin embargo, la adaptación constante nunca ha supuesto renunciar a su identidad. “Hay que compaginar dos cosas: mucho amor al edificio y mucho amor a la Orden”, resume.

Antonio Pérez Aranda, Vocal del Consejo de la Orden Franciscana Seglar de San Francisco el Grande

Cuidado enfermero, pilar fundamental

Ese legado encuentra hoy su mayor expresión en la enfermería. José Eduardo llegó al hospital hace tan solo unos años, en 2022, pero asegura que, desde el primer momento, percibió una cultura del cuidado profundamente arraigada. “El 60 % de la plantilla es personal de enfermería, y la filosofía es el cuidado del paciente”, explica. Una forma de trabajar heredada, en parte, de las religiosas enfermeras que durante décadas desarrollaron su labor en el hospital y que, a su juicio, sigue estando presente en el trato cotidiano con los pacientes. “La esencia del cuidado es lo que más se pretende transmitir”.

(Mantener la identidad del hospital) hay que tomarlo como un mandato de los que fueron nuestros mayores. Y hay que compaginar dos cosas: mucho amor al edificio y mucho amor a la Orden. Antonio Pérez Aranda, Vocal del Consejo de la Orden Franciscana Seglar de San Francisco el Grande

En los últimos años, esa tradición ha convivido con un importante proceso de modernización. El supervisor destaca, sobre todo, “la profesionalización del equipo, porque este hospital ha cambiado mucho en muy poco tiempo”, sumado al reconocimiento de la autonomía de las enfermeras en la toma de decisiones. En un centro con una intensa actividad quirúrgica, reivindica el papel de estas profesionales como el nexo permanente e indispensable con el paciente. Por eso, la enfermería en la VOT no es “una parte más”, sino que, realmente, “es lo que permite que este hospital funcione”.

La continuidad de esa filosofía se aprecia especialmente en la unidad de larga estancia. Allí, ingresan personas mayores que necesitan rehabilitación tras una intervención, pacientes con escaso apoyo social o personas que, sencillamente, no tienen a nadie que pueda hacerse cargo de ellas durante su recuperación. La atención sanitaria se combina con el acompañamiento y con una visión integral del cuidado que sigue conectando con el espíritu fundacional del hospital.

José Eduardo Romero Reyes, Supervisor de Enfermería de Hospitalización, junto a su compañera Sara Hurtado de Rojas Herrero, enfermera de Hospitalización

“Para muestra, un botón”, que diría nuestro refranero español. José Eduardo recuerda un caso bastante ilustrativo. Estando hospitalizada tras una intervención quirúrgica compleja, la familia de una paciente “canceló su seguro médico y desapareció”, cuenta, “así que el hospital decidió hacerse cargo de ella hasta que la Comunidad de Madrid asumió su tutela. El beneficio fue cero, pero esa es la esencia”, afirma. Del mismo modo, cuando surgen situaciones especialmente delicadas, la Orden Franciscana continúa implicándose para garantizar que ninguna persona quede desatendida.

La excelencia de la humanidad

Antonio relaciona esa forma de trabajo con dos valores innegociables: “sencillez” y “fraternidad”, que “forman parte de la espiritualidad franciscana y que siguen presentes tanto en la vida de la Orden como en el funcionamiento cotidiano del hospital”. También se reflejan en la atención que reciben los hermanos de la Orden de mayor edad, algunos de ellos centenarios, que han decidido pasar allí los últimos años de su vida. “No hay lujos. Ahora, hay higiene. La alimentación será sencilla, pero toman lo que deben tomar”, explica.

Las enfermeras tienen un gran compromiso con cada paciente. Y son perfectas. Porque ‘perfecto’, para mí, no significa que lo hagan todo bien (…), sino que se preocupen por enmendar sus errores. José Eduardo Romero Reyes, Supervisor de Enfermería de Hospitalización

José Eduardo, desde su papel supervisor, sostiene esa cultura del cuidado desde dentro del equipo y honra la honestidad y el afán de mejora y superación por encima de parámetros perfectos que, como humanos, son inalcanzables. “Las enfermeras tienen un gran compromiso con cada paciente. Y son perfectas. Porque ‘perfecto’ no significa que lo hagan todo bien, todos cometemos fallos. Para mí, la perfección es que se preocupen por enmendar sus errores y hacerlo bien”. Esa actitud, sostiene, termina percibiéndose al otro lado de la cama. “Si el paciente se va satisfecho es porque se ha sentido seguro”.

Tres siglos después de su fundación, el Hospital de la VOT continúa demostrando que el verdadero patrimonio de esta institución sanitaria no reside únicamente en sus muros ni en su historia, sino en la capacidad de mantener vivo su propósito. Una forma de cuidar que ha sabido evolucionar de la mano de la evidencia y el progreso sin perder la esencia de un legado que sigue poniendo a la persona en el centro de cada atención.

Artículos relacionados