El Hospital de La Princesa, en Madrid, lleva once años trabajando con familiares para mejorar los cuidados de los pacientes con esquizofrenia

MartaOtaduyLa familia, eje de los cuidados

Marta Otaduy destaca que la experiencia con la escuela de psicoeducación de La Princesa “demuestra que aunque estemos en un hospital, hay que inculcar a la enfermería, a los médicos y a todos los profesionales sanitarios que el objeto de trabajo no es sólo el paciente, es también el cuidador principal. Y en esto, nos toca a la salud mental ser pioneros, algo que es lógico. Tenemos que transmitir la importancia y el espíritu de trabajar con las familias, en el caso de la esquizofrenia y también con otras enfermedades, como puede ser la diabetes, por ejemplo”.

Más de una década de trabajo jalonan la trayectoria de los grupos de psicoeducación para familiares de pacientes con esquizofrenia del Hospital La Princesa, en Madrid. Es uno de los hechos más destacados de esta iniciativa, emprendida en 2002 por las enfermeras de la Unidad de Salud Mental. Marta Otaduy Zubía, supervisora del servicio, recuerda que el programa nació por necesidad. “Cuando empezamos a coordinarnos con los centros de salud mental del área, notamos que se podían perder muchos pacientes al no tener un seguimiento tras el alta. Esto lo podíamos subsanar con el informe de enfermería al alta y con una coordinación entre los equipos. Además, detectamos que las familias llegaban a los centros de salud mental con mucha ansiedad, desconocimiento y angustia, debido, en parte, al poco tiempo que podíamos dedicarles en la unidad de agudos. Pensamos que con formación conseguiríamos que el cuidador principal colabore en los cuidados y contribuya a la mejor adherencia al tratamiento”.

La psicoeducación es una intervención enfermera más en La Princesa. Con una periodicidad mensual, adaptada a las necesidades y al número de pacientes, la imparte un enfermero dedicado a ello. “Tiene más tiempo, porque carece de responsabilidades directas sobre los pacientes ingresados en la unidad. Cuenta con un perfil específico para este trabajo”.

La psicoeducación permite disminuir la ansiedad
de las familias y aumentar su colaboración en el
tratamiento de los pacientes esquizofrénicos

La formación se prolonga durante dos jornadas, en sendas sesiones de hora y cuarto de duración. En primer lugar, las familias reciben información sobre la enfermedad y sus causas, “siempre intentando quitar la responsabilidad que la familia cree tener, porque vienen con mucho nivel de culpabilidad”. A continuación, exponen los tipos de esquizofrenia, sus síntomas y los fármacos que existen, con el fin de que entiendan el lenguaje facultativo. Durante el segundo día, profundizan en cómo conseguir la adherencia al tratamiento, en los efectos secundarios de la medicación y en la prevención de crisis a través de los síntomas de alerta que aparecen.

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Rogelio Mora Espinosa es el responsable de impartir la formación a las familias. Además, es enfermero de enlace en psiquiatría dentro del hospital, con el fin de cuidar la atención sanitaria que reciben los pacientes con problemas o con antecedentes vinculados con la salud mental.

La enfermería gana relevancia
Marta Otaduy subraya que la psicoeducación crea canales más fluidos entre las familias y las enfermeras. “Claramente los conocimientos sobre la enfermedad aumentan, lo que disminuye su nivel de angustia. Y, algo importante para la enfermería, la enfermera gana un protagonismo ante la familia que no tenía antes. Eres un referente. Por lo tanto, puedes pilotar el cuidado mucho mejor. También aumenta nuestro peso y el de nuestras estrategias, dentro del equipo interdisciplinar. Todo esto eleva el grado de colaboración de las familias durante el ingreso, porque en las unidades de agudos necesitas mucho a la familia, para garantizar un buen ambiente terapéutico”.

Lógicamente, la psicoeducación no resuelve los problemas de las familias, pero les da herramientas para gestionarlos. “Abrimos una espita para trabajar mejor con las familias. Nuestra idea es que se vayan sabiendo que no son responsables de la enfermedad; que si se encuentran con una idea delirante no tienen que discutir con el paciente, sino llevarlo a urgencias; que sepan de la existencia de los neurolépticos y sus efectos secundarios, pero que si aparecen no tienen que suspender la medicación. Si se van con todo esto, ya hemos avanzado mucho”