Mejorar la salud de la población es la meta planteada por la mayoría de los sistemas de salud en el mundo.

A lo largo de los años, he tenido oportunidad de leer numerosos artículos y libros relacionados con mi profesión, la enfermería, y su historia, la mayoría de ellos escritos por compañeros. Sin embargo, han sido un escritor madrileño, Javier Moro, y un periodista gallego, Antonio López, los que han presentado ante mí un personaje del que nunca había oído ni leído nada: Isabel Zendal, reconocida (ahora lo sé) por la OMS como la primera enfermera de la historia en misión internacional. Fue la única mujer integrante de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que en 1803 partía de La Coruña a bordo de la corbeta “María Pita” con 22 niños expósitos que iban a ser quienes transportaran en sus brazos una cepa atenuada del virus de la viruela. Isabel fue una pieza fundamental para que se inmunizara a más de medio millón de personas y, más importante aún, para que se constituyeran juntas de vacunación encargadas de continuar con esta labor. Fue la primera gran expedición de salud pública de la Historia. Su labor provocó la admiración del mundo, aunque de una forma muy poco duradera, ya que a pesar de las importantes consecuencias que tuvo en beneficio de la salud de la humanidad, todos sus protagonistas han sido relegados al olvido.

Es nuestro deber, como profesionales del cuidado y como referentes en prevención y promoción, incorporar a Isabel Zendal al lugar destacado en el que siempre debió permanecer 

Seguramente, tuvo mucho que ver el momento histórico por el que pasaba el Imperio español. Puede que también influyera el origen de los miembros de la expedición, todos ellos españoles, tierra que con demasiada facilidad tiende a deslumbrarse con lo ajeno y dejar pasar de largo lo propio.

Repasando nombres de las pocas enfermeras conocidas y reconocidas internacionalmente, entre ellas no encuentro ninguna relacionada con la salud.

Sólo han pasado a la historia aquellas que aportaron sus conocimientos y su trabajo en el tratamiento de enfermedades, y sobre todo, en el trascurso de contiendas bélicas (Nightingale en la guerra de Crimea, Cavell durante la I Guerra Mundial o Dix en la Guerra de Secesión estadounidense).

¿Tiene esto que ver con que a lo largo de los siglos la sociedad ha considerado el tratamiento de las enfermedades como algo mucho más encomiable que la prevención? Mientras la viruela mató a millones de personas, el cuidado de los enfermos era la pieza clave, pero cuando la enfermedad fue disminuyendo gracias a la vacunación masiva de la población, la prevención se convirtió en algo tan cotidiano como para dejar de tener importancia y pasar al olvido.

Mejorar la salud de la población es la meta planteada por la mayoría de los sistemas de salud en el mundo. En esto trabajan a diario miles de enfermeras y otros profesionales. Son las medidas de prevención que ponen en práctica las que de verdad salvan vidas y mejoran la supervivencia y la calidad de vida de la población.

Es nuestro deber, como profesionales del cuidado y como referentes en prevención y promoción, incorporar a Isabel Zendal y al resto de componentes de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna al lugar destacado en el que siempre debieron permanecer.