Se habla mucho de la empatía. A veces, se dan explicaciones tan complicadas como inútiles a la hora de llevarlas a la práctica. En mi opinión, esta cualidad se resume en la actitud que la enfermera es capaz de trasmitir al paciente: “me importa lo que te pasa y puedo ayudarte, porque voy a intentar ver las cosas desde el mismo lado que las ves tú”

 

Tantaka 3 cmyk

Mientras este número de la revista iba poco a poco tomando forma, me han venido a la memoria algunas de las imágenes más conocidas de Chema Madoz, artista madrileño que muestra a través de su fotografía formas muy distintas de ver las cosas, una mirada diferente que consigue que veamos formas extraordinarias a través de objetos comunes. Madoz nos regala la posibilidad de explorar otros mapas, otras maneras de reconocer el valor de lo que hasta ese momento nos parecía banal por lo cotidiano de su uso. En una de sus fotografías, por ejemplo, muestra la imagen de una cuchara cuya sombra proyecta la figura de un tenedor. Es una de las imágenes que me han resultado más alegóricas de nuestra realidad profesional. ¿Cuántas veces lo que nosotros vemos claramente como una cuchara es, para otros, un tenedor de afiladas púas? ¿Cuántas veces nos empeñamos, una y otra vez, en explicar “nuestra realidad, nuestros conocimientos irrefutables” sin prestar verdadera atención a lo que está viviendo la otra persona? 

El vínculo terapéutico que la enfermera necesita establecer con la persona hacia la que se dirigen sus cuidados puede producirse desde los primeros momentos de la relación, cuando hay, por ejemplo, un peligro de muerte inminente o puede que, como es más frecuente, se trabaje paulatinamente a lo largo del proceso terapéutico. Sin embargo, hay algo que es común a todas las relaciones y es que tienen que estar sustentadas por la confianza, y ésta se consigue trabajando la empatía.

Se habla mucho de la empatía. A veces, se dan explicaciones tan complicadas como inútiles a la hora de llevarlas a la práctica. En mi opinión, esta cualidad se resume en la actitud que la enfermera es capaz de trasmitir al paciente: “me importa lo que te pasa y puedo ayudarte, porque voy a intentar ver las cosas desde el mismo lado que las ves tú”. En mi experiencia, esta actitud es la que abre las puertas a una comunicación eficaz y con ello a la confianza. ¡Pero, en ocasiones, resulta muy difícil dejar de lado nuestra perspectiva y nuestros prejuicios, cultivados y alimentados durante tanto tiempo! Precisamente, es la dificultad que existe para establecer una relación de confianza, el hecho que me hace valorar especialmente las historias profesionales que vamos conociendo y publicando en las páginas de nuestra revista.