La pasión por la fisioterapia y el mundo del caballo y el amor por los niños son los elementos comunes de muchos de los profesionales que se acercan al mundo de la hipoterapia. Los beneficios que este tratamiento produce en los pacientes son notorios, por lo que se ha convertido en una opción cada vez más elegida para mejorar la calidad de vida de las personas con patologías físicas y neurológicas.

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La hipoterapia es una actividad terapéutica que utiliza el movimiento del caballo al paso, que transmite sus impulsos rítmicos al jinete desde el sacro hasta las primeras vertebras de la columna cervical. Se trata de un tratamiento complementario efectuado por fisioterapeutas especializados. Es el caso de Teresa Xipell y Rubén Fernández. Los dos decidieron formarse en la materia, tras comprobar los grandes beneficios que tiene para los pacientes.

Junto al beneficio automático que supone montar a caballo, la terapia permite salir del contexto sanitario. Los niños y adultos que la realizan sienten que llevan las riendas del animal, logran libertad e independencia, se sienten iguales al resto de personas y mejoran su autoestima, logrando progresos impensables el día que los padres conocieron las enfermedades de sus hijos, con diagnósticos que en muchos casos descartaban que pudieran llegar a andar, actividad que finalmente consiguen ejecutar gracias a tratamientos como la hipoterapia, que permite también mejorar otras habilidades como la comunicación o el habla, de ahí que la logopedia sea otra de las disciplinas donde se está introduciendo. Aparece, así, el trabajo multidisciplinar, siempre en manos de profesionales cualificados.

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La Fundación Federica Cerdá. En San Cugat del Vallés, Barcelona, la Fundación Federica Cerdá cuenta con una finca con instalaciones hípicas adaptadas a las personas con discapacidad. En ella, ofrecen rehabilitación mediante la terapia con caballos, es decir la hipoterapia. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de los usuarios y sus familiares, conseguir su mejora en las actividades de la vida diaria, fomentar su independencia y favorecer su inclusión social. En la Fundación trabajan, entre otros, Teresa Xipell, fisioterapeuta especializada en rehabilitación ecuestre e hipoterapia, y Carlota Soler, logopeda y máster en Hipoterapia y en Equitación Terapéutica.

"Soy fisioterapeuta. Siempre me gustaron los caballos. Tuve la oportunidad de tratar a niños con escoliosis con mi propio caballo. Les decía que si se portaban bien vendrían conmigo a verlo. Era como un premio. Así lo hacían y yo podía trabajar mucho mejor. Comprobé que podía conseguir mucho más y decidí formarme en hipoterapia, cursando un postgrado en la Asociación Nacional Italiana de Rehabilitación Ecuestre en Milán". Así llegó al mundo de la hipoterapia Teresa Xipell, fisioterapeuta especializada en rehabilitación ecuestre e hipoterapia de la Fundación Federica Cerdá. "Es un tratamiento complementario a otros, como la propia fisioterapia o la logopedia. Está basada en la neurofisiología. Utilizamos el paso del caballo, un movimiento tridimensional, oscilatorio y rítmico, muy beneficioso para los pacientes. Partimos de una metodología muy estructurada y secuenciada, que se adapta a las necesidades de cada caso".

Gracias al caballo, se pueden llevar a cabo técnicas de fisioterapia que sería complicado trabajar en una camilla. Así lo subraya Teresa Xipell, que enumera las ventajas de la hipoterapia: "Técnicas de tratamiento neurofisiológico como los métodos Kabat o Bobath se pueden hacer perfectamente encima del caballo. Además, podemos hacer fisioterapia en movimiento. Por ejemplo, la oscilación del caballo refuerza, por sí sola, la musculatura del raquis, que necesita un trabajo rítmico, pautado, constante y rápido para tonificarse. Imagina un niño en una silla de ruedas, que nunca ha podido caminar. Encima del caballo mueve toda esta musculatura como si estuviera andando". Así le ocurrió a Toni. Con meses, le diagnosticaron una tetraparesia distónica asimétrica. "Nos dijeron que igual no andaría", recuerda su madre, Beli. "En ese momento te planteas hacer todo lo posible y probamos con la hipoterapia". Su hijo tiene, en estos momentos, 17 años. Sus progresos son indudables. "Empezamos con dos años. Al principio tenía yo que montar el caballo con él, porque su espalda se doblaba totalmente hacia adelante ya que no tenía control postural. Toni tiene una parte del cuerpo hipertónica y otra hipotónica. El caballo le ha ayudado a fortalecer la musculatura blanda y a relajar la rígida. Hoy es un niño que anda, corre, va en bicicleta, esquía, etc.".

Junto a los progresos físicos, los beneficios emocionales para los pacientes y para las familias también son evidentes, asegura Teresa Xipell. "El contacto y la relación con un ser vivo, con un caballo con una inteligencia multiforme y adaptativa y una gran sensibilidad, establece entre el niño y el animal una relación muy estrecha, importantísima. En muchas ocasiones, a lo mejor el niño no nos ve a nosotros pero sí va directamente a encontrarse con el caballo. Es muy satisfactorio. Conseguimos salir del contexto hospitalario. Es fantástico ver cómo cambia la actitud de los padres. Los primeros días, están muy pendientes del niño, pero después poco a poco van encontrando su espacio propio y se relajan, porque tienen la sensación de que su hijo simplemente viene a montar a caballo". Así lo corroboran las palabras de Beli. "Le aporta mucha autoestima. Imagínate, solo subir al caballo y ver el mundo a tus pies en lugar de estar postrado... Luego, estamos en un entorno libre, en la naturaleza, con animales. Es mucho mejor que quedarnos en una sala de fisioterapia, con un gran espejo en el que verse reflejado".


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Trabajo multidisciplinar
Uno de los principales valores del programa es que las nueve sesiones en las que participa cada paciente son individualizadas. "Estamos en una zona rural, con dispersión geográfica y mucha población mayor. Teníamos que ser flexibles y adaptarnos a la realidad de cada paciente. Al no tener mucha carga asistencial, nos podíamos permitir trabajar de manera individual con cada caso. Es un lujo", explica María Jesús Rodríguez, enfermera comunitaria del centro de salud de Infiesto. "La idea es llevar a cabo las sesiones en la fase post aguda, cuando el infarto o la angina está más reciente. Intentamos que sea antes de los cuatro meses posteriores al alta, pues es en el período en el que están más receptivos y en el caso de la población activa es cuando se encuentran de baja y pueden asistir a la consulta. Por el contrario, si quisiéramos realizar un grupo de seis u ocho personas, necesitaríamos a lo mejor ocho o diez meses y si ya se han incorporado a su puesto de trabajo no podrían venir".

Una vez el paciente ha realizado las nueve sesiones del programa, ya se le deriva a su enfermera de referencia en Atención Primaria, quien se encarga de realizar el seguimiento y llevar a cabo los controles de los factores de riesgo como la hipertensión, diabetes, etc.

A modo de conclusión, María Jesús Rodríguez destaca que se trata de "un programa innovador, en el que las enfermeras asumimos nuestras competencias y nuestra responsabilidad con el sistema sanitario y con la sociedad".

 

Hipoterapia con terapeuta
La hipoterapia está recomendada para personas con discapacidad física, neurológica, psíquica, cognitiva o conductual. Eso sí, siempre debe dirigirla y estar presente un terapeuta formado en ella, porque no se trata solo de montar a caballo. "No hay terapia sin terapeuta. Siempre debe ir el portador del caballo. El paciente no es el que lleva el caballo, aunque así lo crea él. El animal debe reunir también unas características morfológicas adecuadas", advierte Teresa Xipell.

     
  MEJORA EN LOS PACIENTES  
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Toni tiene 17 años. Comenzó a hacer hipoterapia con dos años. A pesar del diagnóstico, hoy en día puede andar. Ahora está está aprendiendo doma de caballos y practica hipoterapia con toda normalidad.

 

Además, antes de montar el caballo, en cada sesión, es necesario un proceso previo de preparación. "Hacemos que el paciente se acerque al caballo, lo salude, lo cepille. Si podemos ponerlo de pie, ya estamos trabajando la base de sustentación, las extremidades superiores con el cepillado, el brazo articular, los movimientos circulares, horizontales y verticales. Una vez que el animal ya está limpio, entre comillas, porque siempre están limpios, tienen la relación con el niño. El caballo mira al niño, y el niño lo acaricia. Muchos niños autistas ponen la oreja en la barriga del caballo para oír los ruidos, otros chiquillos lo besan. La preparación es muy bonita. Una vez estamos listos, nos vamos a una rampa para que ellos puedan montar prácticamente solos. Las primeras sesiones nos vamos a pista, vemos el equilibrio del jinete, sus fluctuaciones, si la espalda está curvada para corregir la postura. Cuando ya tenemos todo esto estructurado y estudiado y establecemos nuestros objetivos terapéuticos, pues salimos al bosque y trabajamos todo, el otoño, la primavera... Logramos que los niños nos den mucha información, algo que en un aula o en un gabinete de fisioterapia es más complicado".

Deporte y aprendizaje
Los pacientes, sean niños o adultos, no perciben que estén realizando una sesión de fisioterapia o de hipoterapia. Todo lo contrario. "Toni siempre va muy feliz a las sesiones de hipoterapia. Para él es como practicar un deporte. Lo disfruta mucho. Ahora está aprendiendo doma natural. Sabe trabajar con los caballos, limpiarlos, cepillarlos... Yo veo que se siente útil con todo lo que hace", explica su madre, Beli. "El niño viene a aprender a montar a caballo. No vienen a hacer hipoterapia. Nunca hablamos con ellos de las terapias", corrobora Teresa Xitell. "Esto es algo fantástico para estos niños. Imagina a un niño en silla de ruedas, que no hace ningún deporte. En cambio, sus hermanos sí juegan al baloncesto. Ahora, ellos tienen la oportunidad de practicar equitación. Este hecho les cambia totalmente su ánimo y su mentalidad. Los padres nos dicen que las conversaciones familiares son totalmente distintas, porque todo el mundo está pendiente del caballo… Es la alegría de vivir. El caballo nos da todo eso".


     
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“Para mí, trabajar la hipoterapia es lo máximo que puedo conseguir como fisioterapeuta, a nivel profesional y personal”
 

 

RUBÉN FERNÁNDEZ
Fisioterapeuta especializado en hipoterapia

Una pasión profesional

Rubén Fernández González es fisioterapeuta especializado en hipoterapia, con diez años de experiencia en esta terapia. "Desde pequeño tuve contacto con los caballos, porque los teníamos en casa de mis abuelos. Cuando estudié Fisioterapia, decidí formarme en hipoterapia para unir mis pasiones, los caballos, los niños y mi profesión", confiesa. "Si fuera futbolista, para mí lo máximo sería jugar la Champions League con el Madrid. Como fisioterapeuta, el equivalente es la hipoterapia. Es lo máximo a nivel profesional y personal".

Para Rubén Fernández, uno de los problemas para la generalización de la hipoterapia es la falta de instalaciones adecuadas, especialmente pistas cubiertas acondicionadas. "Es difícil llevar una constancia si no tienes instalaciones cubiertas, por ejemplo, para los meses de lluvia".

Intrusismo
Rubén Fernández advierte sobre el intrusismo. "La hipoterapia, de unos años para acá, se ha puesto de moda, porque tiene unos beneficios espectaculares. Por ello, hay gente que no está formada, no son fisioterapeutas, que se han dedicado a ello porque han visto una oportunidad de negocio.

Se trata de una terapia recomendada para una gran gama de personas, pero si se hace mal puede haber contraindicaciones, por ejemplo para pacientes con espina bífida o escoliosis. Tenemos que asegurarnos que los terapeutas sean profesionales cualificados, para evitar que se produzcan secuelas o daños".

 


Hipoterapia 7Experiencia satisfactoria con la hipoterapia
Mercedes Rothe optó por la hipoterapia después de que le diagnosticaran a su hijo Guillemo una tetraparesia espáscita severa. "Cuando nació, en 1994, me dijeron que no tenía posibilidades de caminar. Escuchamos hablar de estas terapias y probamos. Cuando se acercó por primera vez a un caballo no andaba. Poco a poco comenzó a potenciar el dorso y las piernas y mover los brazos. A los dos años de terapia consiguió ponerse de pie. Con doce años comenzó a caminar y a vivir lo más normalizado posible". Fruto de la experiencia con Guillermo, Mercedes Rothe creó la Asociación Caballos de Ermo, en El Escorial (Madrid).