Veinte fisioterapeutas participan como voluntarios en un programa de la ONG ADAMA, en Barcelona, que aborda el bienestar emocional de las personas sin hogar, complementando sus necesidades básicas.

Adama fisioLa sesión de fisioterapia es un espacio donde el terapeuta y la persona a la que trata conversan y se interrelacionan, aflorando sus preocupaciones y ofreciendo, así, herramientas emocionales que sirvan para poder solventarlas. Con esta filosofía trabajan los fisioterapeutas voluntarios del programa de atención a las personas sin hogar de la asociación solidaria Adama en centros de acogida de Barcelona. "Las necesidades básicas, la Pirámide de Maslow, son importantísimas y hay que cubrirlas. Pero parece que nos olvidamos de que una persona es mucho más que comer o dormir. ¿Quién se preocupa de su estado emocional e interior? Dimos un paso adelante y nos dirigimos a los centros que proporcionan un lugar donde comer, dormir y ducharse a las personas sin hogar para ocuparnos de su bienestar emocional", explica Nuria Martínez Peydró, coordinadora de voluntariado de Adama. Dentro de este concepto, adquiere relevancia la fisioterapia, aplicada a la mejora de la calidad de vida de quienes se encuentran en una situación de exclusión social. "Es el elemento central del programa, junto a otras técnicas naturales de relajación y meditación". 

  Logo Adama  
 

 

NUEVO CONCEPTO

El acompañamiento trabaja una serie de instrumentos emocionales para que las personas en riesgo de exclusión social adquieran nuevos valores y hábitos emocionales y sociales saludables que incidan positivamente en su evolución, siempre desde el respeto a su proceso vital

 

Así lo indica también Antoni Cabot Hernández, fisioterapeuta voluntario. "A través de las terapias naturales nos acercamos a la persona para ayudarla, que se vea acompañada y apoyada. En definitiva, que se sienta mejor". Antoni es profesor de Fisioterapia en la Facultad de Ciencias de la Salud Blanquerna de la Universidad Ramón Llul. Conoció el programa en una presentación que Adama hizo en su centro universitario. "Me gustó la iniciativa. Estaba en un momento de mi vida en el que necesitaba devolver a la sociedad parte de lo que me había dado. Surgió la posibilidad de ayudarles como voluntario".

Gracias a convenios con las entidades que gestionan los centros sociales de acogida, los voluntarios de Adama se desplazan una tarde a la semana para complementar con sus técnicas naturales de salud el trabajo asistencial realizado en estos lugares. "Estamos focalizando bastante en las personas sin hogar", señala Nuria Martínez. Los objetivos son promover la recuperación integral a partir de un proceso de acompañamiento y empoderamiento, basado en el autoconocimiento, el incremento de la autoestima, la adquisición de hábitos saludables y el desarrollo de sus propias capacidades sociales y conseguir rehacer su proyecto vital para que puedan salir de la situación de exclusión social. "Al principio, todo el mundo quiere un tratamiento más físico y le hacemos algún masaje. Pero, posteriormente, en mi caso, aplico biodinámica craneosacral. El hecho de vivir en la marginación y no tener recursos termina afectando al sistema nervioso. Con el masaje craneosacral consigo que se relajen", reflexiona Francisco Vives Trabal, terapeuta natural que llegó a Adama tras prejubilarse en la entidad financiera donde trabajaba. "Quería dedicar mi tiempo a ayudar a gente que lo necesitaba. Así fue como comencé a ir a un centro que atiende a personas con VIH/Sida. Recuerdo el caso de un trotamundos que estaba de paso por Barcelona, donde dormía en la playa. Cuando lo dejé dormido, lo sentía como un bebé en mis manos. Al despertar, me dio un abrazo y me dijo que se sentía otro. Sólo con eso, ya recibes mucho más de lo que das".

 El acompañamiento a personas en riesgo de exclusión es un gran apoyo emocional, mejora su percepción física y ayuda a su integración

Antoni Cabot, que ahora forma parte del consejo asesor de Adama, también empleaba una metodología similar en sus sesiones para conocer las necesidades de cada persona. "Cada semana sabía previamente a quién iba a recibir. Si venía por primera vez, preguntaba qué historia tenía, sus problemas sociales o sanitarios... Me sentaba con él y le preguntaba por aspectos, generales, sin ir al detalle, para captar su atención. Hablábamos de sus dolencias y cuando me expresaba algún malestar en una región corporal aparecía el fisioterapeuta tradicional. Hacía un primer diagnóstico y aplicaba los procedimientos tradicionales. Siempre acababa con técnicas de relajación para ayudarle a eliminar la ansiedad, ya que en este tipo de situaciones sociales el nivel de ansiedad es tremendo y la tensión corporal es grande". En las terapias es importante la escucha activa. "Es un concepto muy enfermero. Llevaba la conversación a parámetros en los que la persona se sintiera escuchada. Buscaba la empatía, la vía más humana, a través del diálogo. Me han llegado a preguntar el motivo por el que yo estaba con ellos, si tenía mi vida resuelta. No entendían cómo alguien que pertenece a una sociedad que los ha maltratado intentaba ayudarlos". Y es que los voluntarios de Adama coinciden en la dureza de las historias de vida que encuentran. "Lo primero que aprendes es a no juzgar", explica Antoni. "¿A qué voy? ¿A juzgar lo que ellos me confiesan que son, han hecho o les pasó? No. A mí me interesa el aquí y el ahora. Voy a ayudarlos. Otra cuestión distinta es metabolizar la pena, cuando compruebas la injusticia. En mi caso, me apoyaba en el diálogo con mi compañera voluntaria, al regresar a casa, y en un tratamiento homeopático que yo mismo me prescribí, porque regresaba a casa con una tristeza brutal".

'La casa son las personas' es uno de los lemas del programa, que atiende a unas quinientas personas al año. Todas valoran muy positivamente la actividad. Reconocen que las sesiones son un gran apoyo emocional, ayudándoles a mejorar su percepción física e integración social. "Mejora su autoestima, la percepción del dolor y el bienestar. Realmente, ves cómo cambian a mejor", concluye Nuria Martínez, en línea con la misión, visión y valores de Adama: Garantizar un mundo más equitativo en el que no haya que hablar de exclusión social.

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  Usuarios, voluntarios y trabajadores de ADAMA

 

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Fisioterapia y medicina natural, una manera de interpretar la salud

 
 

 

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"La fisioterapia para mí es una medicina natural, es una manera de interpretar la salud, empleando unos procedimientos terapéuticos no agresivos, sino naturales, a través del movimiento que produces con tus propias manos". Así explica su modo de trabajar Antoni Cabot. Su reflexión es fruto de la experiencia que acumula a sus 62 años y del conocimiento que ha adquirido como profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud Blanquerna, de la Universidad Ramón Llul de Barcelona. "Al fin y al cabo, siempre acabas tocando al paciente. Con las manos transmites muchísimas cosas. Incluso puedes trasladar a la persona que estás tratando tus propias emociones. El paciente lo recibe todo". Durante su voluntariado con Adama, colaborando en el acompañamiento de las personas en riesgo de exclusión social Antoni compaginaba las técnicas fisioterapéuticas con otro tipo de terapias naturales, complementarias, que permitían que las personas a las que ayudaba se sintieran mejor al final de cada sesión. "A pesar de que aún no están reconocidas científicamente, considero que todo lo relacionado con la medicina natural es un recurso que tenemos a nuestra disposición para trabajar el bienestar".